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Con puntualidad alemana, exactamente a las 11.23, hora de nuestro país, empezó en el estadio Allianz Arena la ceremonia inaugural del Mundial. Respetando la fama de ordenados que caracteriza a los germanos, el acto duró, tal cual estaba estipulado, hasta las 11.57, cuando una enorme bandera con los colores que caracterizan al torneo cruzó el campo del estadio y cientos de niños con las camisetas de los países participantes lo fueron abandonando hasta dejarlo vacío. Fue la inauguración más corta de la historia de los mundiales. Los televidentes en la Argentina pudieron elegir ver esa breve fiesta inicial por cuatro canales de televisión abierta -Canal 7 no la emitió-, por dos canales deportivos del sistema de televisión por cable o por el Canal del Mundial de DirecTV. Una oferta abundante, que hubiera significado un beneficio para el público de haber existido algún tipo de valor agregado respecto de las demás en alguna de las opciones. Lejos de esto, una recorrida a lomo de control remoto sólo devolvía una suerte de transmisión en cadena con diferentes voces de fondo que en general no aportaban contenido informativo relevante sobre lo que se veía en pantalla. En lugar de las explicaciones sobre el significado de las tradiciones bávaras que compusieron varios de los números con que se inició el acto, por ejemplo, abundaron las competencias de chistes recíprocos, no siempre comprensibles para el público, entre los responsables de las distintas transmisiones. En vez de dar información fehaciente sobre el motivo de la ausencia de Diego Armando Maradona en la ceremonia, Carlos Bilardo, en Canal 13, recitaba, con su estilo de confusa expresión oral, comentarios sobre el deterioro físico de algunos jugadores famosos de otras épocas con los que a él le tocó compartir otros mundiales. O el Bambino Héctor Veira, en el equipo de Canal 9, confesaba estar fascinado por la presencia de Claudia Schiffer en el campo de juego o se preguntaba por el costo del traje que vestía Pelé. Pero el momento culminante del vacío informativo se produjo durante el discurso del presidente alemán Horst Köhler. A los cientos de periodistas, técnicos y productores que viajaron para la cobertura televisiva de nuestro país se les pasó por alto un detalle. El único orador del acto -hecho que estaba estipulado desde hace mucho tiempo- seguramente hablaría en alemán. Pero nunca contrataron a un traductor que nos explicara, a quienes no sabemos el idioma de Göethe, lo que decía ese señor. Por suerte, de ahora en más, la mayor parte será fútbol. Casi un idioma universal. Por Ricardo Marín |
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